martes, 17 de julio de 2018

Marcela Mendoza: presa por sobrevivir

Era viernes por la tarde, un día gris y frío cuando nos acercamos al patio del Olga Vázquez para hablar con Florencia y Marilyn, la hijas mayores de Marcela Mendoza, una mujer condenada a cadena perpetua por sobrevivir a su femicida Eduardo Gómez. Con muchas preguntas para hacer, nos presentamos, buscamos un rayito de sol y empezamos a conversar: ¿qué sucedió con su mamá?


Marcela Mendoza el 16 de abril del 2018 fue condenada a cadena perpetua por sobrevivir a su femicida Eduardo Gómez, quien murió quemado luego de intentar prenderla fuego.  Florencia y Marilyn, la hijas mayores de Marcela, cuentan que su mamá mantuvo una relación de cuatro años con Eduardo, siempre dentro de un marco de  violencia. Los celos, los controles, las amenazas y los golpes eran parte de la cotidianidad de su relación. Sus hijas la describen como “tóxica” pero jamás imaginaron este final.

Marcela y sus dos hijos menores vivían en Bavio con Eduardo. Ella, lejos de su entorno familiar y cansada de reiterados episodios de violencia, se animó a denunciarlo en la comisaría de dicha localidad. Desde este momento todo el recorrido que cruzó Marcela fue alojado por un Estado y un Poder Judicial patriarcal.

Luego de las denuncias y con una perimetral vigente, Marcela es citada por el Juzgado de Paz de Magdalena en una mediación para llegar a un acuerdo con el agresor por el alquiler de la casa en la que ella continuaba viviendo. Vale aclarar que esta mediación, donde se encuentran ambas partes presentes, se realiza por fuera de lo que establece la Ley Nacional de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres 26.485 que prohíbe las mediaciones en caso de violencia de género. Y aún más llamativo encontramos que durante el juicio, ni el abogado Adrián Rodríguez Antinao ni la familia de Marcela, pudieron dar con el nombre de la jueza a cargo del Juzgado de Paz de Magdalena.

El 7 de agosto del 2015 fue un punto de inflexión entre Marcela y Eduardo. Uno de sus hijos cumplía años y durante el festejo Marcela sube fotos a las redes sociales.  Esto provoca una reacción violenta de Eduardo donde la cela porque se encontraba en el cumpleaños un compañero de trabajo de él, sus palabras fueron “me haces quedar como un pelotudo”.

Este hostigamiento continuó hasta el 9 de agosto cuando finalmente Marcela accede a encontrarse con Eduardo para hablar, y es ella quien le avisa a su amiga que se vería con Eduardo en un lugar público ya que temía que sus hijos estén presentes. Efectivamente ese día se encuentran en una panadería al lado de la ruta y es allí cuando Eduardo la “invita” a subir al auto para poder hablar con más “privacidad”. 

El tono de la charla iba excediendo los límites de un simple enojo, comienzan los gritos, cachetazos e insultos. Eduardo frena bruscamente al costado de la ruta, y es ahí cuando Marcela ve que él agarra algo del costado de la puerta y se lo tira al cuerpo. Ella atinó a cubrirse la cara con las manos comenzando a sentir las quemaduras, pero no sabe qué le tiró. Es entonces cuando Marcela se tira del auto desesperada para escapar, Eduardo se le abalanza intentando alcanzarla y comienza a quemarse.

Inmediatamente luego de este episodio que relata Marcela, se acercó al lugar del hecho un hombre que escucha los gritos de ella pidiendo ayuda, mientras que Eduardo gritaba “Esta hija de puta me quiso prender fuego”. El testigo se contactó con un móvil de la policía y en pocos minutos llega una ambulancia, la cual traslada a Eduardo al hospital, dado que tenía gran parte de su cuerpo quemado, mientras que la policía se lleva detenida a Marcela.

Desde este día Marcela estuvo privada de su libertad. Primero la retuvieron tres días en la comisaría de Bavio presentando quemaduras en el dorso de las manos y una pierna sin recibir asistencia médica. Luego la llevaron a la comisaría de Magdalena donde fue hostigada (negándole comida y agua) por familiares de Eduardo que trabajan allí, por lo que debe ser trasladada a una comisaría en Mercedes. En este lugar es nuevamente amenazada por sus compañeras y por la misma policía. “No dormía por miedo a que ser apuñalada”, lo que hace que la familia presente un habeas corpus para sacarla de allí. Primero la trasladan por un mes a la Unidad 34 de Melchor Romero, hasta que finalmente  queda detenida en la Unidad 33 de Los Hornos.

¿Cómo es que Marcela hoy tiene cadena perpetua?

Bajo este marco de irregularidades y con Marcela privada de su libertad, tres años después, en Abril del 2018 se desarrolla el juicio. Sus hijas, Florencia y Marilyn presentes en todo el recorrido de audiencias, dan cuenta de la falta de pruebas consistentes, de los relatos confusos de los testigos y de la relación que mantenía la Fiscal con la familia de Eduardo.

El juicio estuvo cargado de inconsistencias, las “pruebas” estuvieron desde el día del hecho hasta ese día contaminadas por la mirada patriarcal y poco eficiente de la policía. Primero, no se realizaron pericias de ningún tipo en el lugar del hecho, por lo que no se pudo determinar fehacientemente cuál fue el líquido que Eduardo le arroja Marcela, sino que la versión que toman como válida es la que cuenta la familia de Eduardo alegando “olor a nafta” en la ropa de él que ilegalmente le entrega la policía, sin resguardarla como prueba.

Sumado a esto, ocurre que tanto el testigo presencial como la enfermera que asiste a Eduardo deben desmentir en el juicio las palabras puestas en la declaración que ellxs habían hecho a la policía, dado que estaban manipuladas. En ambos casos describen a Marcela como “fría, distante”, pero estas no fueron sus palabras. Todo indicaba que Marcela no podía ser condenada.

El comportamiento de la Fiscal era constantemente acusatorio, “¿su mamá no contaba que sufría violencia?”, “¿les mostraba moretones?”, insistía, carente de una mirada con perspectiva de género. La fiscal solo entendía la violencia a partir de moretones y culpaba a Marcela por no hacer pública su situación, negando los antecedentes de violencia que ella había denunciado.

Pese a todo esto, mentiras, irregularidades, vulnerabilidad, hostigamiento, los jueces  decidieron condenarla a cadena perpetua por Homicidio Agravado por el Vínculo. Una vez más el Poder Judicial y sus instituciones dan cuenta de la discriminación y violencia que ejercen sobre  las historias de vida de las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Hoy nos toca contar el caso de Marcela Mendoza, una mujer que sobrevivió a un intento de femicidio y que actualmente está privada de su libertad. La fiscal que culpabilizó y estigmatizó a Marcela se llama Silvina Langone, los tres jueces que la condenaron fueron Ernesto Domenech, Santiago Paulini y Andrés Vilati, los mismos que liberaron al “karateca” Martínez por el cuádruple femicidio.

Mientras la justicia patriarcal y misógina sigue disponiendo sobre nuestras vidas,  Florencia y Marilyn se organizan y  movilizan junto a  organizaciones feministas para pedir la libertad y justicia de su mamá. No están solas, porque si algo sabemos las mujeres, es que somos nosotras, las que hacemos justicia feminista y logramos cambiar la historia.

Por Otro Viento

jueves, 31 de mayo de 2018

Cuide el medio ambiente: no arroje basura.


Walter Álvarez es de Villa Unión, La Rioja, pero ya hace 28 años que habita en Famatina. Cuando llegó, dice, el pueblo lo volvió loco desde el principio, y por eso decidió quedarse. Ahí fue que conoció a Mercedes, y con quien tuvo su primera hija, que hoy ya tiene 22 años, y también a su hijo, que ya alcanza los 17. Fue en ese pueblo donde estableció su radio comunitaria, y es también desde allí que le dio y le da pelea a todas las mineras que quieren apropiarse del cerro.


El día que llegamos hasta Radio Comunitaria Famatina FM 101.5, estaba soleado. El astro rey asomaba por primera vez en varios días, y el calor riojano comenzaba a desparramarse por todo el lugar. Corría un viento seco, ese que juega en las montañas del norte, y que arrastra consigo algunos de los cantos y balidos de las alturas.

Golpeamos las manos –porque no había puerta, apenas una cortina de esas con tiras de plásticos, como la de los almacenes viejos- y desde adentro Walter nos invitó a pasar. La habitación tenía gruesas paredes, y soportaba sobre sí un techo de paja, que se apoyaba a su vez en tirantes de madera. En un rincón, se encontraba la radio, que consistía solo en una división de madera que separaba el control del estudio. Del lado del estudio, donde comúnmente daban entrevista los invitados, nos sentamos con Walter.

“El dueño de la radio en la que yo trabajaba se empezó a dedicar a otra cosa”, empieza Walter, “y entonces me alquilo la radio a mí. Y de a poco le fui comprando las cosas. Recién en el 2007 pudimos poner Famatina FM, pero era todavía una radio privada. Tuvimos que esperar hasta el 2012 para pasar a ser Radio Comunitaria”.

Nos cuenta que relata de todo: fútbol, básquet, atletismo, o el deporte que haya. Además hace el programa de la tarde, y también el de la mañana. Insiste en que su voz no le gusta, pero a la gente del pueblo sí, y con eso le alcanza.

¿Y por qué una radio comunitaria? Rodolfo Walsh dejó una frase para la posteridad: El periodismo es libre, o es una farsa. Palabras más, palabras menos, es lo mismo que nos dice Walter cuando afirma: “Si decís comunitaria es porque estás dando un servicio. Yo estoy al servicio de la gente de este pueblo, lucho por ellos. Y así lo voy a seguir haciendo. Trabajamos muy bien acá, con mucha libertad”.

Fue desde ese lugar de comunicador popular que encaró la lucha contra la megaminería en su tierra, en nuestra tierra. Pero él no fue el primero que se le animó a las mineras. Es más, nos cuenta que no dimensionaba mucho de qué se trataba el asunto, y que tampoco le daba demasiada importancia.
La lucha empezó por las mujeres. Carolina Suffich, Carina Diaz Moreno y Marcela Crabbe fueron las primeras que empezaron a estudiar y difundir en qué consistía ese desarrollo prometido por las mineras. “Al lado de la Parroquia San Pedro hay un salón, y ahí ellas tres llamaban a reunión. Apenas iban tres o cuatro personas. Mucha gente en el pueblo las tildaba de locas”, recuerda Walter.

El pueblo tardo más de la cuenta en reaccionar, y la Barrick, ni lerda ni perezosa, aprovecho esa distracción. Sin hacer mucho ruido, en el año 2004 se instaló en el cerro, y comenzó a operar allí.  Tuvieron que pasar dos años para que llegaran los primeros cortes para impedir el paso de los vehículos y el personal de la minera.

En el 2006, no más de cien personas, se amurallan para cerrar los caminos. Y entre todas esas personas, se encontraba el que supo ser intendente del pueblo, Lidoro Leiva, hoy ya fallecido. Walter lo reconoce como un gran luchador: “Un tipo que iba a hacer guardia por las noches, un tipo que comprometió cien por ciento con el pueblo”.

Ese primer corte, se realiza en Peñas Negras. “Ahí arranco todo. No había señal de teléfono. Yo tenía un Handy, grande como una botella de gaseosa de dos litros, y con eso nos comunicábamos. Yo me comunicaba con la radio contando todo lo que pasaba: hacíamos notas, reportajes, de todo. Hacía mucho frío, a veces hasta once grados bajo cero”.

Barrick se encontraba unos 50 kilómetros más arriba de donde se realizaba el corte, y el único camino que conducía hasta allí estaba bloqueado. Tanto los operarios de las máquinas, como las máquinas mismas, tenían permitido el descenso del cerro, pero bajo ningún tipo de circunstancia podían volver a subir. Las reservas de alimento comenzaban a escasear, y la multinacional tuvo que dar el brazo a torcer.

En la casa de Don Pérez Méndez, un estanciero de la zona, que quedaba cerca del lugar del corte, se firma el tratado, donde la minera se compromete a bajar todo. Para ese entonces, las cien personas se habían multiplicado: ya no eran un centenar, ahora la cifra llegaba a los cuatro dígitos. Pasó el primer vendaval, y el pueblo siguió en pie.


Aún hay más…

El pueblo de Famatina había ganado su primera batalla, pero no sería la última, ni la más cruenta. En el año 2012, nuevamente una empresa canadiense mostraría su interés por invertir en la explotación del codiciado cordón montañoso. La Osisko Mining Corpotation, extractora de metales precios –principalmente de oro- había logrado un principio de acuerdo con el gobierno riojano.

¿Cómo había logrado ese acuerdo? Con complicidad explícita del poder político. Por un lado, la diputada Adriana Olima, quien hasta las elecciones del 2011 se encontraba a favor del reclamo de las asambleas ambientalistas, cambió repentinamente su postura para alinearse tras las filas de Luis Beder Herrera.

¿Y cuál era y es la postura de Beder Herrera? El ex gobernador de La Rioja, además de favorecer la entrada de las multinacionales extractivistas, calificó a las personas que se manifestaban contra las mismas como Hippies violentos, afirmando también que bastaría con meter a dos o tres de esas personas presas para que cesen las movilizaciones.

Walter nos cuenta que a partir de ese momento el pueblo comenzó lentamente a fraccionarse: o se estaba a favor de las mineras, o se estaba en contra. No cabían posibilidades a medias tintas. “Acá en el pueblo se dividen así las cosas: si estas a favor de la minería, sos minero, y si estás en contra sos ambientalista”.

“Yo me considero un ambientalista, porque vivo acá y me gusta defender el agua que tomo a diario, y defender lo que se cosecha: nuez, pera, manzana, durazno, ciruelas, damasco, higos... Es como tener el tanque arriba de tu techo, y que te lo quieran hacer volar. Entonces te vas a oponer, porque es lo que te da el agua”, asevera, mientras vuelve a llenar el vaso para paliar el calor.

El 27 de diciembre de 2012, Walter se encontraba en su natal Villa Unión, cuando sonó el teléfono. Otra vez venían por el cerro, por el agua, por todo. Saco un pasaje en el primer colectivo hasta Chilecito, y de ahí partió en un remis hasta Famatina. Cuando llegó, ya había una camioneta esperándolo, y de ahí encaró hacia el corte de Alto Carrizal.

“Cuando llegamos ahí comenzamos a organizar todo. Con la radio transmitía en vivo todo el día. Salía de mi casa a las 6 de la mañana, y volvía a mi casa a las 11 de la noche. Llegaba al cerro y me instalaba, pero no solo informaba, también me tocaba organizar: con el parlante pedía gente para buscar leña o para cocinar tortilla. Yo vivía ahí”.

Cuenta que en algunos días llegaban a salir hasta diez camionetas al mismo tiempo, todas cargadas de gente. La lucha por el Famatina ya había tomado trascendencia y no estaban solo los lugareños, además se sumaban a la causa personas de Chile, Brasil, España, y de distintas provincias de la Argentina. Eran, aproximadamente, unas 4.000 personas.

La lucha, según Walter, era como una torre, y esa torre se sostenía sobre cuatro patas, todas ellas imprescindibles. En principio, el mismo pueblo. Luego, el párroco de la localidad, Omar Quinteros, y el propio intendente de ese entonces Ismael Bordagaray. Finalmente, la radio, que brindaba las novedades de primera mano sobre el transcurrir de los días.

Y era por sobre todo una lucha solidaria. Pensando en lxs que están, pero fundamentalmente en lxs que vendrán. “Yo pienso en mis hijos y en las generaciones venideras. Capas que uno ya está de paso, pero los que vienen no. La gente está dispuesta a todo, a dar su vida por este pueblo, por este cerro que es nuestro tanque de agua”.

Fueron días muy duros, pero no estaban desamparadxs. Sabiendo bien de qué se trataba, la Madre Tierra también les daba una mano a todas las personas que dejaban su cuerpo para protegerla. Álvarez dice que cada vez que Infantería se preparaba para apalear a las manifestaciones, caían lluvias torrenciales que no les permitían llegar siquiera cerca de donde se encontraba el campamento de resistencia.

Tuvieron que pasar cuatro meses para que la multinacional canadiense entendiera que no podía contra esa férrea voluntad popular. Porque lo que se defendió ahí, y lo que se sigue defendiendo aún es el agua. Y a quién defiende el agua no se le puede conformar con promesas de progreso y desarrollo a cuenta gotas.

“La minería para nosotros no es rentable. Toda la vida vivimos sin minería. ¿Cómo vas a dejar que te explote el cerro gente que está un par de años, y después se van y te dejan todo destrozado?”.

Casi cuando nos estábamos yendo, Walter nos hacer pasar al control de la radio, donde tiene su computadora, y comienza a mostrarnos una serie de fotografías. Esas fotos habían sido tomadas el día que la transnacional abandonó las instalaciones, que, dicho sea de paso, fueron incendiadas previamente por orden de los jerarcas mineros.

Entre los retratos de la majestuosidad del paisaje, que a esa altura se torna casi indescriptible, lo que más resalta y llama la atención es un cartel, que se encuentra en la entrada principal a la minera, que tragicómicamente, reza de la siguiente manera: Prohibida la entrada sin autorización a toda persona ajena a la empresa. Cuide el medio ambiente: no arroje basura.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La grasa de las patronales

En tiempos en los que la precarización laboral y los despidos se recrudecen es necesario escuchar las voces de lxs trabajadorxs. Federico, trabajador de la línea Este y Liz, trabajadora de la multinacional PepsiCo dialogan con Otro Viento sobre sus procesos de lucha, un análisis que refleja que hay un solo horizonte para lxs trabajadorxs: la unidad.

PepsiCo Snacks es una multinacional estadounidense que se dedica a fabricar y comercializar comidas y bebidas y la Línea Este por su parte es una línea de colectivos urbana de la ciudad de La Plata ¿Qué tienen en común? La precarización laboral, el despido de sus trabajadorxs y guiarse por la lógica empresarial inescrupulosa.

Dos conflictos con sus particularidades dejan algo en claro, que detrás de toda empresa hay un gobierno que cuida sus espaldas sin dudar en implementar las fuerzas represivas del Estado en el afán de cuidar los intereses de lxs poderosxs, y que el Estado contratador también es responsable de la precarización y la terciarización de sus trabajadorxs. Resistiendo a la represión y la inestabilidad laboral están quienes salen a la calle a reclamar por sus puestos de trabajo, porque quieren trabajar (contra los diagnósticos de la derecha culpadora de “vagxs”) y quieren hacerlo en condiciones dignas, todo esto por algo que debería ser simple de entender: porque tienen derechos los que gracias a resistir conservan.

Octubre ardió rojo: el Este en lucha

El mes de octubre del pasado 2016 los choferes de la línea de colectivos Este empezaron un proceso de lucha, los motivos eran varios, entre ellos el despido de 17 trabajadores desde marzo de ese mismo año, de los cuales 5 eran candidatos a delegados gremiales,  “cinco de nuestros compañeros, que tenían una medida cautelar, fueron los primeros en ser despedidos y por quienes se inició el conflicto, todo fue porque se presentaron para candidatos”, explica Federico.

Los cinco compañeros que Federico menciona, se estaban postulando por una agrupación gremial llamada “El Bondi”, la cual iba a competir en las elecciones con el oficialismo dentro de la Unión Tranviaria Automotor (UTA).  No querían estar por fuera del sindicato, sino ser independientes dentro de UTA respondiendo a los mismos trabajadores. Entre los motivos por los que surge esta agrupación Federico menciona: “Nos organizamos porque el oficialismo de la UTA permite las condiciones malas de servicio, los micros en mal estado, el pago en negro de las horas extras, permite que la patronal arrase con nosotros”.

Una buena pregunta podría ser ¿a quién responde la UTA?, responde a los intereses de  tres grupos empresariales que tienen todos los servicios de la ciudad: Unión Platense, La 9 de Julio y Grupo Dota.  A estos servicios deberían acceder mediante una licitación, cosa es que no sucedió sino que fue cedida.

La organización de trabajadores era entonces, un palo en la rueda para este monopolio. Frente a los cinco despidos, los trabajadores se organizaron y salieron a la calle. La respuesta fue: represión. El 24 de octubre, cuando los trabajadores se encontraban de paro ocupando la principal terminal de la línea, el juez de Garantías, Juan Pablo Masi, dio orden de “liberar la entrada”.

Nos golpearon, atacaron directo, la orden decía que no tenían que desalojar sino abrir la entrada, y ellos entraron a golpear derecho, la realidad es no íbamos a abrir porque claramente era nuestra resistencia, pero ellos entraron a dar palo de una” , recuerda Federico quien fue uno de los que resultó detenido.

Esto no hizo más que reforzar la lucha y lograr así que en noviembre de ese año se firmara un acta acuerdo en el Tribunal de Trabajo Nro. 1 de La Plata en la cual se comprometían a reincorporar a todos los despedidos y abrir una mesa de diálogo. A pesar de este acuerdo, “después del supuesto triunfo, en noviembre cuando debíamos arrancar, ya hubo compañeros que no empezaron”.

Además, como nos tiene acostumbradxs la lógica empresarial, empezaron a desplegar todas sus estrategias intimidatorias para romper la organización. “En todo ese tiempo UTA quiso comerle la cabeza a los trabajadores para bajar la lucha con frases como ‘no te expongas tanto’, ‘esto va a cambiar’, ‘los que quieren continuar en conflicto están con las organizaciones de izquierda’… y así se fue desgastando todo”, comenta Federico.

En el mes de enero volvieron las suspensiones y ya en febrero los despidos. “A esta altura ya había un desgaste del proceso, parecía que lo que habíamos hecho no servía para nada, el grueso de los compañeros se fue debilitando, se debilitó la militancia”, relata Federico quien además recuerda que hay compañeros que tienen causas penales que “crean para dar miedo”.

Federico fue uno de los despedidos más recientes. Luego del desgaste y frente a la coyuntura abrió una pizzería llamada “Papo” y tal como nos cuenta sus compañeros de lucha lo siguen apoyando: “Vienen todos a comprar, por suerte nos mantenemos muy unidos más allá de todo, de la represión se generó unión, más que compañeros ya somos hermanos de lucha si alguno le falta algo algún compañero lo va ayudar”.

Fuerza obrera: PepsiCo no retrocede

La cronología de los hechos empieza el 20 de junio cuando la empresa multinacional alimenticia PepsiCo Argentina cierra sus puertas. La explicación se encontraba en un papel pegado en la entrada: “Cese de las operaciones y la relocalización de la producción en otro establecimiento”.

La empresa decidió cerrar la planta ubicada en la localidad de Florida en Vicente López alegando que era “inviable” por cuestiones logísticas y operacionales, dejando a 600 trabajadorxs en la calle. La organización obrera ya existía dentro de la fábrica bajo la agrupación “Bordó Leonardo Norniella”, entonces lejos de aceptar la indemnización y quedarse con las manos cruzadas un gran grupo de trabajadorxs decidió empezar una lucha que hasta hoy continúa.  

El 26 de junio, ante la falta de respuestas, se decide la inminente toma de la planta. La respuesta, una vez más, como pasó con el Este, fue: una brutal represión. La Policía bonaerense y Gendarmería Nacional, con orden de la jueza Andrea Rodríguez Mentasty, desalojaron la fábrica, “fue una salvajada le dieron el visto bueno para que nos barran de la fábrica en la forma en que lo hicieron”, contó Liz una de las trabajadoras que hace siete años estaba en la fábrica.  

Después de la represión nos encontramos recontra curtidas, nos dieron con todo, con palos, con balas de goma, con piedras, con gas pimienta”, recordó Liz que con énfasis declaró que lejos de debilitarse se reafirmaron en la lucha: “¡Estamos más fuertes que nunca!”.

Pero esa fortaleza no era nueva, las trabajadoras ya venían organizadas por las constantes violencias que sufrían dentro de la fábrica, “era la única fábrica donde las mujeres tienen la categoría más baja en la tarea de empacadora, que es operario calificado”, contó Liz quien agregó también que eran varias las tareas extras (limpieza de las máquinas, desarme de máquinas, lavarlas, control de calidad, armado del producto) que se veían obligadas a realizar.

Las mujeres estamos paradas de otra forma y eso en la cotidianeidad te hace plantarte distinto, tanto laboral como afuera”, dijo Liz describiendo el empoderamiento que como mujeres vivieron tanto dentro de la fábrica como luego en la lucha.

Siembra lucha y crece organización, un lema que lxs trabajadorxs siguieron al pie de la letra: plantaron una carpa blanca frente al Congreso nacional, fueron a las escuelas, hospitales a contra qué estaba pasando, se contactaron con otras fábricas como Madygraf y hasta lograron que se presente un proyecto de expropiación por parte de Nathalia González Seligra, diputada del FIT.

Ya son dos los años de gobierno macrista, y las políticas de ajuste junto con la represión, continúan en ascenso. Los despidos y los tarifazos dejaron miles de familias a la deriva, pero a la vez, todos los días nos encontramos en las calles resistiendo.

Lxs trabajadorxs como Federico, deciden hacerle frente a este panorama desolador, y se organizan creando nuevos lazos con sus compañerxs a través de formas alternativas a las que el sistema patronal propone.
Lo mismo ocurre con lxs trabajadorxs de PepsiCo, quienes hoy están luchando por la expropiación definitiva de la fábrica, para que quede en manos de quienes en realidad producen, control obrerx.

Por Colectivo Cultural Otro Viento
  



miércoles, 20 de septiembre de 2017

Dime cómo hablas y te diré quién eres

Desempolvé unas viejas carpetas de psicología. Y cuando digo desempolvé, es literal: las retiré de arriba del mueble, y soplé sobre ellas, haciendo que se desprenda una fina capa de polvo, que inmediatamente se desparramó por el aire de la habitación.

Había cierta nostalgia en esa búsqueda -porque se trataba de textos que leí en mi primer año de facultad- pero principalmente había cierta curiosidad: quería encontrar un escrito en particular. No recordaba bien de qué hablaba, pero sí que mencionaba a un tal Freud, otro tal Sherlock Holmes y a un desconocido Lermolieff.



Honestamente, no busqué demasiado, porque no eran muchas fotocopias. Pasé por alto algún título de Foucault, también otro de Lewkowicz, y creo que otro de Susana Lonigro. Hasta que por fin di con lo que estaba buscando: Mitos, emblemas e indicios, escrito hace ya muchos años por Carlo Guizburg.

Ahora bien, ¿por qué toda esta introducción? Calma, que a eso voy. Hace ya varias semanas, Esteban Bullrich, actual candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, mencionó entre los logros de la gestión PRO: “(…) un metro más de asfalto, una sala más, un pibe más que está preso…”. Porque claro, todxs en el fondo soñamos con una sociedad maravillosa, de calles asfaltadas, y muchxs muchxs pibxs presxs.

Quizás pueda pensarse a este personaje como una excepción a la regla, pero no. Basta con retroceder, y pasearnos por el amplio historial  de "errores" que cargan sobre sus espaldas muchxs de lxs funcionarixs de la gestión de los globos amarillos. Veamos algunos ejemplos:

María Eugenia Vidal gana las elecciones en octubre de 2015, y se convierte en gobernadora de la provincia más poderosa del país. En medio de los papelitos, la música pop para divertirse, y los colores chillones de la escenografía, una radiante Mariú dio su discurso triunfal. Todo venía bien hasta que, otra vez, apareció el acto fallido: “Cambiamos futuro por pasado” dijo mientras sonreía, y se rectificó instantes después. Siempre sonriendo claro.

Pero eso no es todo amigxs. Mauricio Macri, el paladín de esta gesta heroica de nuevxs próceres, tampoco ha escapado a esos pequeños pifies que aparecen de vez en cuando en los discursos públicos. Citemos entonces su más celebre declaración fallida: “(…) ,la terrible inequidad de aquel que puede ir a la escuela privada, versus aquel que tiene que caer en la escuela pública”. En esta frase, la educación pública aparece como algo similar a un pozo, en el que cualquier persona puede caer sin posibilidad de retorno. Evidentemente, el actual presidente nunca cayó allí.

Último ejemplo, y también el más actual –al menos de los casos públicos-: la desaparición forzada de Santiago Maldonado trajo conjeturas de las más variadas, y voces de todos los sectores políticos. El gobierno tuvo que salir a poner la cara, y esa cara fue la de la poco agraciada Patricia Bullrich.

Entre las muchas entrevistas y frases célebres y petulantes de la ministra, destaca un nuevo, y siempre inevitable, acto fallido: “Se quieren plantear bandos: el bando de los que quieren encontrar a Maldonado, y el bando de los que no queremos encontrar a Maldonado”. Nótese que Bullrich comienza hablando en tercera persona, pero finaliza hablando en primera. No obstante, no hay que dejar de reconocer el mérito de Pato en el cumplimiento de los objetivos: Santiago todavía no aparece.

Jaime, el niño Macri quiere una sesión de programación neurolingüística

Breve resumen de lo expuesto hasta acá: estaba buscando un texto en particular, que hacía referencia a ciertos personajes, unos de ficción, otros no. Buscaba ese texto porque me remitía inmediatamente a algunxs de lxs personajes de Cambiemos (lamentablemente, ningunx de ficción).

El texto al que me refiero pertenece al historiador italiano Carlo Guizburg. En él desarrolla el paradigma del método indiciario: este paradigma consiste, a grandes rasgos, en encontrar el significado oculto en los detalles. Guizburg cita como ejemplo a Giovanni Morelli – también conocido bajo el seudónimo de Iván Lermolieff- quién, a través del método indiciario, podía detectar y diferenciar los cuadros originales, de aquellos que eran falsos.

Para eso, Morelli se basaba en los detalles de las obras: no iba a los aspectos más evidentes, sino que se detenía, por ejemplo, en la forma en que tal pintor hacía las uñas, o tal otro terminaba una oreja. Según él, era en ese tipo de aspectos donde el artista más se dejaba fluir, y donde menos se manifestaba la escuela pictórica a la que pertenecía. Por lo tanto, ese detalle le era único y prácticamente irrepetible, ya que los falsificadores no se detenían en ellos. En ese momento, el artista mostraba su ser.

Guizburg también cita como ejemplos salientes a Sherlock Holmes, el famoso detective creado por Arthur Conan Doyle, y al mismísimo Sigmund Freud. El caso del primero, resolvía los misteriosos delitos basándose en una serie de huellas casi imperceptibles dejadas durante el crimen. Por el lado de Freud, éste buscaba ciertos rasgos o gestos que desnudaban la verdadera personalidad de sus pacientes.

Y he aquí el nudo del asunto: en esos pequeños actos fallidos, de los cuales se mencionaron unos pocos ejemplos, es donde hay que buscar la estructura ideológica que sostiene al actual gobierno. No son datos sin importancia, ni confusiones, ni mucho menos son meros errores involuntarios.

Esteban Bullrich, para excusarse por su frase de lxs pibxs presxs, dijo que estaba cansado. Y eso sí puede ser cierto: cuando la mente se libera -ya sea por cansancio o ya sea por relajación- de toda la programación neurolingüística armada por Jaime Durán Barba, aflora verdaderamente de dónde provienen quienes gobiernan, y a qué intereses responden.

El discurso duranbarbiano no consta solo de palabras, sino también de gestos y de formas programadas para mover el cuerpo, según lo amerite la ocasión. No es casual que lxs vocerxs del PRO se expresen de formas sutilmente similares (a veces no tan sutiles). Hay un equipo que piensa y mueve los hilos, programa y reprograma cuando es necesario.

Pero ni aún el experimentado e intrépido consultor ecuatoriano puede controlar absolutamente todos los mecanismos de esta máquina. A veces los engranajes fallan, principalmente cuando hay situaciones imprevistas, o cuando las entrevistas no son armadas o pactadas previamente. Si la pregunta que se dispara no está dentro de los planes, la respuesta desnuda el aparato que opera en el orden del discurso.

Hay una vieja frase atribuida al escritor francés Gustave Flaubert, pero popularizada por el arquitecto alemán Ludwig Mies Van der Rohe, que refiere a la importancia y trascendencia de los elementos claves: “Dios está en los detalles”. Parafraseándolo, y cambiando alguna que otra palabra, podríamos decir que: “El opresor está en los fallidos”.

Por Colectivo Cultural Otro Viento


viernes, 1 de septiembre de 2017

¿Publicidad o política pública?

En una misma publicación Presidencia anunció la creación de hogares de protección integral para mujeres víctimas de violencia de género dando las direcciones de las mismas constituyendo así un peligro evidente.



Parece que resulta necesario explicarle a quienes están en el gobierno que las “Casa Refugio” son instancias de tránsito para la atención y albergue de las mujeres víctimas de violencia de género, en aquellos casos en que la permanencia en su domicilio implique una amenaza a su integridad física, psicológica y/o sexual.

Es por ello, que la no divulgación de su ubicación es no solo necesaria sino obligatoria. El “error” ya fue suplantado por un texto que advierte que se suprimieron las “ubicaciones por razones de seguridad para las personas que allí reciben asistencia”.

Más allá de los refugios que existen por trabajo militante, la Ley Nacional de Violencia contra las Mujeres Nº 26.485 establece la creación de los mismos siendo entonces una herramienta para exigirle al Estado que esto se haga efectivo.

A pesar de que la existencia de estos espacios resulta imprescindible, hay un hecho para remarcar. Desde lo legal no existe norma que reglamente tanto el funcionamiento o las estructuras laborales de los refugios, es decir, cómo deben ser las condiciones edilicias, qué profesionales deben trabajar allí, qué tipo de acompañamiento se debe realizar, entre otros.

En este sentido, por ejemplo, hoy en día no todas las localidades de la Provincia de Buenos Aires cuentan con refugios. Y donde los hay, existen numerosas irregularidades en su funcionamiento. Entonces, con este vacío desde lo legal que deja a “voluntad” de quienes gobiernan las decisiones de las características que toman estas nos preguntamos: una vez que estén esos refugios que con bombos, platillos y mucha desprolijidad se enunció desde Presidencia,  ¿cómo será su funcionamiento? No vaya a ser que sea solo para la foto...

Hablando de cosas para la fotos…

Mariu Vidal también enunció dentro del “Plan género” la creación de la Línea telefónica Nacional 144 en Provincia de Buenos Aires. Nos vemos en la obligación de aclarar que dicha Línea no “recibe denuncias por violencia de género contra las mujeres” como dice una nota publicada en el portal del Gobierno de la Provincias de Buenos Aires sino que está destinada a brindar información, orientación, asesoramiento y contención para las mujeres en situación de violencia.


Lo que además le faltó decir a la gobernadora, es cómo iba a funcionar este espacio. Hoy en día las situaciones de contratación de las trabajadoras son: algunas son contratadas como monotributistas y por otro lado, las operadoras se encuentran contratadas de manera tercerizada a través de la empresa Provincia Net, figurando legalmente como “empleadas de comercio”. Asimismo, según comentaron las trabajadoras en un comunicado, existen diferencias salariales por la misma tarea, y salarios por debajo de la línea de pobreza.

La situación no mejora al escuchar cómo trabajan, “en promedio una operadora está atendiendo por día alrededor de entre quince y veinte llamadas, y si tomamos en consideración el tiempo que puede llegar al promedio de atención de 15 o 20 minutos para una escucha real, que hoy por hoy, se encuentra no solo precarizado sino que además la cantidad de trabajadoras que lo están llevando adelante es insuficiente”, dijo Verónica Misseri, delegada de ATE en una entrevista con Anred.

De esta manera vemos que las políticas de género, caballito de batalla de Cambiemos, se quedan en una enunciación difundida como un “gran logro” y para colmo con información errónea o que perjudica a las mujeres víctimas de violencia de género, siendo  las mujeres de las organizaciones quienes denuncian las irregularidades. Por ello somos nosotras, las mujeres, quienes seguiremos exigiendo que el Estado se haga responsable con verdaderas  políticas públicas y no con fotos.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Gritamos por vos Nadia

Algunos medios dicen que huiste Nadia[1], nosotras sabemos que no es cierto. Nosotras sabemos que fue el Estado quien te desapareció por segunda vez. Cuando apareciste después de 32 días, gracias a la movilización de tu familia, docentes, amigxs y el movimiento de mujeres supimos una vez más que todo se gana en la calle.
No volviste a casa, el Estado dijo que iba a “cuidar de vos”, que te ibas a quedar en un hogar tutelada por la justicia de la Ciudad de Buenos Aires, que te iban a cuidar para que puedas testimoniar sobre aquello que habías comenzado a denunciar, la traffic y los abusos.
Nosotras sabemos bien que las pibas no se pierden, sino que son cazadas por las redes de trata. Hablamos de red Nadia porque sabemos que sin ayuda de jueces, fiscales y policías no podrían llevarnos así de fácil, con tanta impunidad.
Nadia hoy te escribimos, seguimos buscándote. Como a Erika Estrada que aún sigue desaparecida. Hoy nos duele no tenerte Nadia, nos estruje las tripas que no seas “agenda” que pocos medios sean lo que siguen levantando la voz de todas las personas que te quieren y te buscan día tras día. Sabemos que ser mujer y de un barrio popular no nos ayuda, sabemos muy bien cuando los medios crean a las “buenas” y “malas” victimas.
Nadia nunca dudamos que te desapareció el Estado, no podemos imaginar dónde estas, si escuchas algo de la lucha, si te enteras que acá las pibas seguimos buscándote, que te nombramos en la calle, en las asambleas, en nuestras rondas, que cada vez que hablan de Santiago nosotras también gritamos por vos.
Nadia acá estamos juntas y hermanadas buscándote y exigiendo tu aparición.

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A Nadia Rojas se la llevaron por primera vez el 9 de junio, gracias a la lucha fue rescatada de una red de trata el 12 de julio. Desapareció por segunda vez el 3 de agosto, cuando tenía que ir a declarar. Estaba alojada en un hogar para víctimas de redes de trata, dependiente de la Dirección General de Mujer de la Ciudad de Buenos Aires. El Estado y la justicia son responsables.


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Foto por Cosecha Roja

jueves, 22 de junio de 2017

Desarmando manicomios

Voces que estallan muros es una publicación realizada por Deseredadxs de la Razón, que recopila relatos y fragmentos del sentipensar de sus militantes en torno a la desmanicomialización.

Para este grupo de trabajadorxs por la salud mental, la lucha por la desmanicomialización  es “(...)la lucha por la transformación de las lógicas que nos oprimen; porque la voz y el deseo de cada unx tenga valor y se respeten; porque el manicomio y las institución de encierro dejen de existir; por condiciones dignas de vida; por hacernos y hacer visible lo que nos enloquece de la sociedad en la que vivimos; por construir respuestas colectivas que nos empoderen y generen condiciones de libertad”.

Para conseguir la publicación y para conocer más sobre la lucha por la desmanicomialización podes acercarte este sábado 24 de junio, a partir de las 16 hs, a Casa Enredadera (Calle 10 n°1520 e/63 y 64).

A continuación, compartimos uno de los relatos de la publicación.

La casa se reserva el derecho de admisión

…dijo la dueña y me cortó el teléfono. Esa pensión era la que a Diego le habían recomendado y habíamos estado esperando el cobro de su plata para poder pagarla y finalmente tenga su lugar. Cambio de planes entonces. Salí de trabajar y me fui directo a una pensión que quedaba cerca para buscar otra opción, nos pusimos a charlar y entre las cosas que me preguntó fue “de qué trabaja”, tiene una pensión le respondí yo, queriendo asegurarle que el monto lo iba a poder pagar con seguridad, pero lo que el viejo quería averiguar era el perfil de Diego.

(Diego tiene 42 años, de los cuales la mayoría los transitó en distintas instituciones de encierro. Veintidós años fueron los que sobrevivió en el manicomio de Melchor Romero, hoy transita una externación llena de palos en la rueda)

No satisfecho con la respuesta me pregunta “pero que hace él” y ahí nomás me vi sumergida nuevamente a convencer a otro dueño que le dé una oportunidad, que lo conozca, que no lo excluya una vez más y que lo acepte aunque sea un mes de prueba. Hasta me vi asegurando que Diego no les iba a generar problemas sin tener la más pálida idea de cómo él se iba a adaptar a esta nueva vida fuera del hospital, fuera de su círculo siniestro y manicomial pero conocido al fin. No sabía si se iba a poder manejar en un mundo donde él sigue siendo el raro, donde el común de la gente camina creyéndose normal, a salvo no se bien de qué, transita indiferente y hasta casi segura de que cualquier sufrimiento o desliz mental está a km de ellos. Me fui sin respuesta y preguntándome si Diego no salía de un manicomio para meterse en otro, si su externación no se trataba de un simple canje de una forma de exclusión por otra.

Me encontré con él, le pregunté cómo estaba y me dijo que agradecido de no haber ido al pedo a la pensión porque sabía cómo iba a reaccionar si se lo decían en la cara. En ese momento quise explicarle lo injusto que era todo y lo costoso que era desarmar los prejuicios de la gente pero que le iba a explicar si toda su vida se había tratado de eso. Me miró a los ojos, sonrió y me dijo “cami yo ya lo sé”, en todo este tiempo me hice amigo de la indiferencia del resto.

Se prendió un pucho y le pregunté sobre los números de pensión que ya habían buscado, enseguida entre chiste y chiste, nos pusimos a jugar a los operadores, él me dictaba los números y yo con vos de secretaría preguntaba por habitaciones libres. Charlamos un poco, repasamos cómo viene su semana, que el taller de plástica, que renovar el permiso para poder dormir en el albergue un tiempo más, que terminar la escuela y otra vez los días se llenaron de tareas. La paciencia fue nombrada la mayor cantidad de veces posible, sus dedos amarillos por el pucho guardaban entre su ordenado papelerío, los teléfonos de las pensiones por volver a llamar, mientras acordábamos el encuentro al día siguiente.

Del otro lado de la pecera estaban ustedes, entre grietas burocráticas, barreras manicomiales y estrategias de nu
nca acabar para poder concretar los talleres que una vez nos hicieron conocer a Diego.


Me fui a mi casa con el culo lleno de preguntas. Las sensaciones iban como una pelota de ping pong que rebotaba entre la incertidumbre de cómo mierda se va a solucionar lo habitacional, la impotencia frente a la exclusión de todas sus formas, colores y sabores, y con la seguridad de que Diego va poder y tiene con qué darle a la vida, queriendo creer que va a tener aguante.