jueves, 13 de febrero de 2014

Ella baila así


La sexualidad  adquiere un lugar central en la cumbia villera a la hora de componer y adopta  los patrones de la sociedad capitalista y patriarcal en la cual vivimos. Es innegable que el vocabulario utilizado es agresivo y sexista.  Ahora vale preguntarse de qué manera aparece la mujer en la cumbia en comparación con otros estilos, ¿es tan diferente? Más aún, vale indagar qué dicen las propias mujeres que incursionaron en dicho estilo para poder ver qué  imaginarios sobre la mujer cantamos a la hora de entonar las letras de la música más popular de nuestro país.

Es necesario remarcar, que tal como plantea el sociólogo Pablo Alabarces, existe en la cumbia –entre otros escenarios- un erotismo exacerbado producto del discurso masculino y patriarcal. No se puede entender esta lógica sin enmarcarla en las reglas del mercado, donde lo “que  más vende” son estas letras y es por ellos que muchos artistas componen (o les componen) reproduciendo estos conceptos sin necesariamente estar de acuerdo o sin cuestionarlos.

 Lo mismo sucede con el público que los escucha. En una investigación sobre mujeres y cumbia, la socióloga Malvina Silba y la licenciada en Comunicación Carolina Spataro, recuperan testimonios de seguidoras de cumbia villeras las cuales afirman: “Y sí, la verdad es que las letras se van al carajo, se zarpan, nos dejan a todas como unas trolas, piensan que lo único que hacemos las mujeres es darle placer al hombre”, entendiendo así que no se sienten identificadas por las letras. Las critican pero a la hora de reproducirlas las toman como mera diversión.

Entonces, ¿qué dicen las letras de cumbia villera cantadas por hombres de la mujer? Estas producen una cosificación sexual de la mujer  que es tratada  de “fácil” e “interesada”. Por lo general, se considera que el objetivo de toda acción femenina (bailar, vestirse, etc.) está orientado a la mirada masculina: la mujer es un simple objeto de deseo del hombre. De esta manera el deseo y la sexualidad femenina están constituidos desde la perspectiva masculina. 

No cabe la posibilidad de que la mujer baile porque lo disfruta, siempre es una actitud provocativa; al mismo tiempo se le suele dar una connotación negativa a que la mujer quiera tener relaciones ocasionales, sin compromiso. Es considerada una “bombacha floja”, reprimiendo de esta manera el goce femenino:
“Me enteré, lo astuta que sos
Que te gusta la fija
 Y que sos más fácil que la tabla del dos” 
Ay Andrea-Pibes Chorros. (2001)

La postura del cumbiero, hombre y macho, está por lo general orientada a desvalorizar a esa mujer, que como ellos la ven, está “re jugada” y ni “se rescata”; lo que quiere decir que no sirve más que para una noche. Una visión en la cual evidentemente la mujer se tiene que “rescatar”, tiene que ser una chica de la casa, y si va a bailar, toma y menea, evidentemente está buscando sexo ocasional, lo cual es “cosa de hombres”.
“Querés tomar, querés beber,
pero esta noche te quiero ver 
dale baila así bien pu 
que ya tenés ganado el champú
Te cuento como es la canción
vos siempre llamando la atención 
te haces la gata me chamullas 
sólo porque te querés tomar mi champú” 
Mi champú- Damas Gratis (2012).
El interés es un factor que está presente en varias letras, se pone a la mujer en el papel de bailar de cierta forma para que el hombre le pague una copa o la lleve a un hotel. Dejan de lado cualquier sentimiento extra que pueda tener la mujer, sea amor o deseo sexual. Se sobreentiende que la mujer va a dejar satisfecho al hombre sexualmente a cambio de determinado “bien material”, tomando además al hombre como proveedor y sostén económico de la mujer.
“Mira que buena, mira que perra 
ese culito se menea y quiere guerra 
mira que diosa, como la goza 
queremos ver esa manzana deliciosa”

Como la mueve- Yerba Brava (2005).
 Por último, se puede señalar  la visualización de la mujer simplemente como objeto de deseo masculino. Si no es por su interés, la mujer solamente mueve su cola para excitar al hombre. Está quien podría decir que la mujer también goza, porque se habla, por ejemplo, de que ella disfruta esa situación y quiere ir al hotel,  pero el problema es que la perspectiva que se tiene de esa mujer por gozar es la de ser una mujer “puta”, una mujer que ellos no elegirían para criar a sus hijos.

¿Denigradas por la cumbia villera o por el sistema?

Esta visión no sólo se detecta en la cumbia, si no en muchos otros géneros musicales. Es así como se puede observar en los diferentes ámbitos sociales donde la mujer siempre está ligada a la maternidad, al hogar, a la belleza, a la sensibilidad, a la debilidad, a la dependencia de un hombre para ser feliz y sentirse “plena”. 
De esta manera, es necesario repensar cómo este sistema piensa a la mujer. Para alejarse de la estigmatización que muchos hacen de la cumbia villera, un género musical que nace de las capas más vulneradas y  excluidas de nuestra sociedad, con contextos violentos y complejos como es el hambre, la desocupación, los delitos, la drogadicción, el gatillo fácil, es importante pensar cómo representan a la mujer otros estilos musicales.

Pablo Semán, reconocido Antropólogo y Sociólogo, contó en una nota al diario Clarín que el  tema de  los Beatles “Run for your life” (“Corre a salvar tu vida”), empieza así: “Prefiero verte muerta, pequeña, a que estés con otro hombre” y explicó que aquí no se juzgó o analizó críticamente cómo se tomó a la mujer ya que pertenece a un género de clase media y hasta “intelectual”. En este caso se justifica la ironía de la letra, cuando este tipo de análisis no se realiza en la cumbia. Tal como lo expresó Semán, pareciera ser que “la metáfora, la ironía y la comedia sean monopolio de los que están por encima de la línea de pobreza”.

Lo que se debe visibilizar es cómo el imaginario social reproduce las formas discriminatorias y violentas hacia la mujer, cuestiones que el conjunto social naturaliza, hasta en lo más mínimo y cotidiano como reproducir un tema que denigra a la mujer, ya sea de cumbia, de rock, de reggaetón etc. Algunos ejemplos nos pueden ayudar a pensar esas canciones que escuchamos y cantamos sin cuestionar sus letras:
Daddy Yankee, emblema del reggaetón, tiene canciones violentas hacia las mujeres como Latigazo, en donde el coro dice:
“¡Castígala!, dale un latigazo
Ella se está buscando el fuetazo
Castígala, dale un latigazo.”

Unos de los representantes “machos” argentinos Cacho Castaña canta muy alegremente: “Si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo”.
El tango Amablemente, de Edmundo Rivero, reproduce una marcada violencia y hasta femicidio: “La encontró en el bulín y en otros brazos (…) y luego, besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente, le fajo treinta y cuatro puñaladas”

Sui Generis, en el “Blues del levante” cantaban: “Dando vueltas por la esquina, caminando nada más pasan muchas, muchas minas por delante y por detrás. Elegí a la que más te guste quizás la puedas ganar. Deciles que tenés auto, para invitarlas a pasear, por debajo de la frazada todas ellas van igual”.

¿Quién lleva la voz cantante?
Mucho se habló hasta ahora de cómo se representa a la mujer en la cumbia, es decir, qué se dice de ella. Ahora bien, vale preguntarse, ¿qué dicen las mujeres cantantes de cumbia? ¿Qué significaciones son las que se reproducen desde su visión?

La participación de las mujeres en la cumbia villera es menor en relación con los hombres, y con el paso de los años se ha ido incrementando o bien haciendo más visible. Si se revisa la historia de los artistas de la cumbia villera, se puede observar que rara vez ha sido una mujer la que se ha destacado. Esto responde justamente a la histórica y naturalizada división de la participación de hombres y mujeres en lo público y lo privado. Los espacios públicos son primordialmente ocupados por hombres con supuestas características más aptas, mientras que las mujeres se ponen límites como la vergüenza, timidez o humillación a la hora de participar, resguardándose en lo privado.

Es esta concepción la que se pone en crisis y en debate a la hora de la irrupción de las mujeres como intérpretes o compositoras. Pero, ¿de qué manera es esa participación? ¿Qué tienen para decir las mujeres en la cumbia? Este territorio históricamente machista abre sus puertas a cantantes como Dalila, Karina, Rocío Quiroz, entre otras. Ellas, desde sus letras expresan varios estereotipos de mujer: la mujer enamorada que va detrás de su hombre, la mujer  luchadora en contra de esta dominación masculina y la masculinización de la mujer para su participación.
“Soy tuya amor, soy tuya
Eres el rey que obedezco
Soy tuya amor, soy tuya
Esclava sin sentimientos”,

Canta Dalila, en su tema “Soy tuya” (1999) reproduciendo así el estereotipo de mujer enamorada que responde a una imagen que  históricamente se ha construido de ella. Aquí se habla de una mujer enamorada de un hombre, es decir, una relación exclusivamente heterosexual. Y en esa relación, es ella la que espera, la que está disponible para el hombre y la que es propiedad de él. 
La mujer luchadora, se ve en varias aristas, como en los casos en que muchas de las letras de canciones cantadas por mujeres denuncian aspectos de la sociedad patriarcal en la que están inmersas. Ejemplo de esto es la visibilidad de la violencia de género en las letras de la cumbia. “No tengas miedo” (2012), de Karina dice:
No tengas miedo
y menos a un cobarde
a un gil que solamente
agrede a una mujer”.
 Y “Cicatrices” (2013) de Rocío Quiroz expresa:
No dejes que te trate como a mí
 No dejes que te grite como a mí
No dejes que te pegue como me pegaba a mí”.

Éstas son algunas de las canciones que denuncian una problemática por la que pasan varias mujeres.
Por último, la resignificación de aquellos estereotipos creados desde la cumbia villera para los hombres es muchas veces retomada por las mujeres para  enfrentarse al machismo de las letras. Sin embargo, esto no deja de ser una masculinización de estas mujeres que, para no verse disminuidas, demuestran que ellas pueden actuar igual que ellos. Es así como por ejemplo La Piba canta:
Los pibes se hacen los piolas
 porque son los únicos que toman
los pibes se hacen los pillos
 y no saben que les robamos el ladrillo”

Se les adjudica a las mujeres excesos que en otras canciones de cumbia cantada por hombres se atribuye como privativos de éstos.  

A la cumbia la bailan y la cantan en todos lados, y al igual que otros géneros musicales crean imaginarios y estereotipos en la sociedad, uno de ellos, es qué se entiende por “mujer” y qué significaciones se hacen de ella. Vale entonces replantearse  qué hacemos como sociedad para dar pelea a esta  subordinación, discriminación y violencia que cosifica y oprime a la mujer. Desde  lo jurídico en esta sociedad se ha podido conquistar espacios y promulgar leyes que respaldan y protegen a las mujeres  pero, sin embargo, la gran batalla es cultural.


Por: Juliana Arias, María Carriquiri y Paula Calgaro.
Ilustración: Giya Zabalza

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